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Gadgets

Se define comúnmente a los gadgets como dispositivos que tienen un propósito y una función específica, generalmente de pequeñas proporciones, práctico y a la vez novedoso. Los gadgets suelen tener un diseño más ingenioso que el de la tecnología corriente.

Si bien la descripción del término es acertada cabe señalar que detrás de los gadgets se oculta un propósito no especificado hasta aquí: la pretensión de generar estupor inmediato en los consumidores que, impulsados por las ganas de utilizarlo y por sus (generalmente) bajos costos, los compran velozmente. Lo preocupante de estos objetos es que con la misma velocidad en que se consumen, se desechan.

Resulta difícil determinar con exactitud qué productos entran o no en esta categoría de objetos ya que, un mismo producto puede ser percibido o no como gadgets según el lugar donde se comercialice y quien es el usuario interesado. En otros términos, un gadget dependerá si es o no según la calidad cultural de esta imagen, de su profundidad y del contexto donde se encuentre (el mismo reloj despertador podría ser percibido como tal según cómo y dónde se venda).

Siguiendo la descripción de que esta tipología de productos genera estupor inmediato en quien lo adquiere afirmamos a través del autor Manzini que “la novedad no consiste tanto en la existencia de estos artificios contemporáneos que son los gadgets, como en su proliferación (cuyo resultado es el de mirar las bases de su propia razón de ser: el estupor hacia algo está, pues, intrínsecamente ligado a su excepcionalidad), así como en su capacidad para introducirse en los productos funcionales (cuyo resultado es confundir al usuario ante el valor de aquello que se le ofrece)” (Manzini, 1990, p.190).

El autor destaca que existe una tendencia hacia los gadgets de la innovación tecnológica: productos que han demandado largas horas de estudio e investigación científica.

“En efecto, el entusiasmo por la innovación técnica, lleva a menudo a proponer soluciones en las que la única calidad ofrecida es una amplia innovación y el único resultado que se puede obtener es el estupor por lo nuevo. Pero ni siquiera esto sucede siempre: en un ambiente en el que lo nuevo se ha convertido casi siempre en norma, también el estupor se debilita y llega rápidamente a apagarse” (Ibíd., p.191).

Ante el planteo de tal situación podemos decir que la herramienta más fuerte que pueda erradicar o al menos, intentar disminuir la tendencia a la fabricación y consumo de este tipo de productos es la de cultura proyectual, donde la valoración del objeto este contenida en una serie de distintos factores (como el material, función, simbólico, etc.) y no se apoye solo en la innovación como herramienta para capturar la atención.