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Conclusiones

17.1. Fututo sostenible: Escenario Político-Industrial

Según Fuller: “La Tierra es como una nave espacial. Lo que tenemos adentro es todo lo que tenemos” y por lo tanto hay que ser cuidadoso con el uso de los recursos (Canale, 2009: p.3).

El concepto de finitud, según explica Canale:”…se lleva muy mal con un planteo económico vigente que Michael Braunghart llama Economía de Flujo Lineal” (Ibíd.). La economía en términos lineales considera que uno tiene que tomar recursos naturales y transferirlos a una fábrica. De allí salen productos que tienen un determinado ciclo de vida luego del cual van a la basura. Y entonces, regresan a la punta de línea para volver a extraer más materias primas, de manera de mantener el proceso productivo activo.

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Este modelo de economía lineal plantea que hay que consumir, porque en la medida que van saliendo cosas de las estanterías de las casas de venta, las industrias empiezan a recibir más pedidos, y como resultado de esto fabrican más, activan el motor de la economía, mantiene la tasa de ocupación, etcétera.

El resultado de este modelo choca con la necesidad y la realidad natural y económica de la tierra. Y este es uno de los argumentos por los cuales debemos direccionar la economía hacia la aplicación del Diseño Sustentable enfocado en el reciclado, aunque sus efectos resulten en principio positivos pero limitados.

Es necesario migrar del modelo del “úselo y tírelo” hacia uno que concentre sus esfuerzos en una óptima utilización de los recursos, en el diseño de productos que anticipen su destino al momento del descarte y promuevan una vida útil más longeva.

Desde el ámbito político cabe destacar la importancia que presentan los Estados para con las industrias. Desde los marcos regulatorios hasta los planes de incentivo y apoyo, el Estado funciona como un pilar importante en el accionar de las empresas. Es de reconocer que los gobiernos son uno de los principales clientes de las empresas dado sus altos volúmenes de compras.

Esta situación permite generar vínculos estratégicos donde las empresas pueden pactar de antemano nuevas tipologías de productos, formas de producción, desarrollos de nuevas tecnologías, sistemas de distribución y logística, mantenimiento, etcétera.

El apoyo puede darse también a través de beneficios económicos por medio de créditos a las micro y medianas empresas (que son en general las que más lo necesitan), reducción de las tasas impositivas, estímulo para el uso de eco etiquetas, creación de convenios y/o acuerdos con países extranjeros, etcétera.

17.2. Futuro sostenible: Escenario Profesional del Diseño industrial

El modelo “sistema-producto” de Manzini realiza un aporte en la dirección del consumo sustentable. Para el autor la venta de servicios en vez de productos, tal como la venta de transporte en vez de autos o la venta de salud en vez de medicinas, promueve un rediseño de los sistemas de suministro de servicios, de producción y de los actores sociales en torno a una nueva concepción de lo que él llama “sistema producto-servicio”. En tal sentido se puede afirmar que muchas sociedades están transitando por tal camino hacia la desmaterialización (Revista Huella, 2004: p..3).

La reducción del volumen en el diseño de un objeto (respecto a uno anterior de su misma tipología) implica para los diseñadores un nuevo desafío. Para ello existen dos caminos posibles:

¿La disminución de cantidad de piezas o partes integrantes del producto, bajo la concepción de una nueva tipología de producto o segmento del mismo.

¿La disminución de espesores del/los material/es, ya sea por el rediseño (total o parcial) del objeto o por el reemplazo del material constructivo.

El desarrollo de nuevos materiales y tecnologías de fabricación son esenciales en este planteo. Por caso, la nanotecnología como ciencia está dando sus primeros pasos en el desarrollo de materiales ultra-tecnológicos que presentan propiedades únicas. Plásticos anti-bacterianos empleados para las industrias de equipamiento sanitario, vidrios autolimpiantes o sistemas de iluminación por LED que no disipan calor son solo tres ejemplos de productos fabricados con materiales nanocompuestos.

Así mismo, otros plásticos de uso corriente también avanzan en calidades de prestaciones, lo que facilita y amplia los horizontes y posibilidades del diseñador.

Caso contrario, pero de igual importancia, sucede con el reciclado de materiales y la reutilización de partes o componentes. En ambos casos, los empresarios y los profesionales, buscan darle vida a los descartes industriales, aprovechándolos como nueva materia prima en productos de otra tipología. (Ejemplo de ello es el empleo de las fibras de algodón que caen de las maquinas durante su proceso de hilado para la posterior confección de trapos de pisos.) A su vez la reutilización de partes o reciclado de materiales son dos de los procesos más empleados y considerados a la hora de proyectar.

“Los aportes realizados por las herramientas de análisis ambiental, han reducido el debate sobre diseño y medio ambiente a la optimización del uso de los recursos y a al interpretación del problema como un tema técnico exclusivamente. (…) La búsqueda de respuestas a través del uso de estas herramientas ha dado origen al diseño sustentable, enfoque de diseño que prioriza los problemas ambientales del Norte. Sin embargo la implementación de estas herramientas para analizar los problemas ambientales del Sur y más específicamente los problemas ambientales del diseño en la periferia, impediría a priori hacer un abordaje del problema en termino propios impidiendo así dar respuestas pertinentes a nuestra realidad.” (Universidad Nacional de Cuyo, 2004: p.7).

17.3. Futuro sostenible: Escenario Usuarios -Consumidores

El tercer escenario y sus protagonistas son los usuarios, quienes desde su lugar ejercen una importante cuota de participación y responsabilidad en la preservación del medio ambiente.

Son, a nivel de escala, lo que pueden contribuir desde el hogar, el lugar de trabajo y los espacios públicos. Su colaboración se reduce a las actividades cotidianas, que por su escenario parecería ser menor e insignificante, pero llevada al total de los ciudadanos demuestra que es un canal tan importante como los demás. Desde la esfera privada, los ciudadanos pueden aportar por medio de la prevención y ahorro, la clasificación de residuos, el reciclado y reúso. Pero hay un estadio mayor que es el Cultural. La cultura en todos sus niveles: desde la comprensión de hasta dónde puede ser tan importante no arrojar basura en la vía publica hasta el conocimiento de qué productos realmente convienen adquirir, cuales reciclar, y cuales hacerlos perdurar hasta el fin de su vida útil.

El tema de los residuos, (tanto en el ámbito privado como público) presenta mayores dificultades en los estratos mas pobres y humildes de la sociedad, aquellos que justamente menos acceden a información y capacitación. Los barrios y hogares más necesitados son (casi siempre) los más sucios y contaminados, con residuos acumulados en las veredas, esquinas o terrenos baldíos. Con arroyos, ríos, o lagunas sucias y cunetas y desagües pluviales atestados y tapados con desperdicios. Todo esto con otra consecuencia más: los problemas de salud y enfermedades para los que allí habitan.

Cabe afirmar que los valores culturales aquí tienen un sentido más amplio y van más allá de cualquier clase y condición social: tienen que ver con los valores de uso y consumo que adquirimos a lo largo de la vida. Y con ello nos referimos a lo que verdaderamente significan los objetos en nuestra existencia: desde aquellos que tenemos y cuidamos desde niños (por tener un valor afectivo), hasta aquellos que usamos y descartamos instantáneamente.

Estamos en condiciones de afirmar que el universo material crece al mismo tiempo que el mercado capitalista no dice “sos lo que usas”, y lo preocupante de este sistema, no es tanto lo que consumimos, sino la velocidad con que lo hacemos.

Por ello, creemos necesario comenzar a generar un cambio de cultura, promoviendo una conducta de consumo más responsable, donde las motivaciones dejen de ser mera consecuencia de las publicidades y las modas pasajeras. Donde haya verdaderos y justificados argumentos al momento de adquirir un producto (sin consumir por consumir), conociendo su procedencia, evaluando sus valores, prestaciones y calidad, siendo conscientes del tiempo real de uso que vamos a darle y finalmente asumiendo el compromiso de saber hacia dónde va como descarte.